๐˜ฝ๐™š๐™ฉ๐™ค ๐™๐™ค๐™™๐™ง๐™žฬ๐™œ๐™ช๐™š๐™ฏ ๐™ฎ ๐™š๐™ก ๐™ฉ๐™ช๐™ง๐™ž๐™จ๐™ข๐™ค ๐™ฆ๐™ช๐™š ๐™š๐™ก ๐™€๐™จ๐™ฉ๐™–๐™™๐™ค ๐™ฃ๐™ช๐™ฃ๐™˜๐™– ๐™š๐™ฃ๐™ฉ๐™š๐™ฃ๐™™๐™ž๐™คฬ

โœ๏ธ Jenner Canayo

Artรญculo del Periรณdico Digital LA SELVA
โ€œTAHUAMPEANDO DETRAS DE LA MONTAร‘A โ€
โ‡๏ธโ‡๏ธโ‡๏ธโ‡๏ธโ‡๏ธโ‡๏ธโ‡๏ธโ‡๏ธโ‡๏ธโ‡๏ธโ‡๏ธโ‡๏ธโ‡๏ธโ‡๏ธโ‡๏ธโ‡๏ธโ‡๏ธโ‡๏ธ

En Loreto, todos hablamos de turismo. Todos decimos que es โ€œel futuro de la regiรณnโ€. Pero pocos, muy pocos, han hecho algo concreto para convertir esas palabras en realidad.
Uno de esos pocos fue ๐™…๐™ช๐™–๐™ฃ ๐˜ผ๐™ก๐™—๐™š๐™ง๐™ฉ๐™ค ๐™๐™ค๐™™๐™ง๐™žฬ๐™œ๐™ช๐™š๐™ฏ ๐˜ฟ๐™š ๐™‡๐™– ๐™๐™ค๐™ง๐™ง๐™š ๐˜ฝ๐™ช๐™š๐™ฃ๐™ค, nuestro doctor Beto.

En los noventa, cuando el paรญs aรบn cicatrizaba de la violencia y la pobreza, รฉl no esperรณ que un plan regional, un ministerio o un alcalde le abriera el camino. Apostรณ por Loreto con su propio esfuerzo y su propio capital, mientras la burocracia miraba hacia otro lado. El ๐™ƒ๐™ค๐™ฉ๐™š๐™ก ๐˜ฟ๐™ค๐™ง๐™–๐™™๐™ค no naciรณ gracias a un crรฉdito estatal ni a una polรญtica turรญstica, naciรณ del riesgo y la fe de un hombre que amaba su tierra.

Despuรฉs vendrรญa la ๐™‰๐™ค๐™– ๐™‰๐™ค๐™–, y luego ๐™‰๐™ค๐™–!, que no solo fueron centros de diversiรณn: se convirtieron en parte de la identidad cultural de Iquitos. Y mรกs tarde, el ๐™ƒ๐™ค๐™ฉ๐™š๐™ก ๐˜ฟ๐™ค๐™ง๐™–๐™™๐™ค ๐™‹๐™ก๐™–๐™ฏ๐™–, el primer cinco estrellas de la ciudad, un hito que el Estado jamรกs se propuso lograr. ยฟPor quรฉ? Porque en Loreto, el turismo ha sobrevivido gracias a los emprendedores y pese a las autoridades, no gracias a ellas.

Mientras gobiernos locales y regionales cambiaban cada cuatro aรฑos y elaboraban planes turรญsticos que nadie ejecutaba, Beto expandรญa el ๐™‚๐™ง๐™ช๐™ฅ๐™ค ๐˜ฟ๐™ค๐™ง๐™–๐™™๐™ค hacia cruceros de lujo, franquicias internacionales como el
๐˜ฟ๐™ค๐™ช๐™—๐™ก๐™š๐™๐™ง๐™š๐™š ๐™—๐™ฎ ๐™ƒ๐™ž๐™ก๐™ฉ๐™ค๐™ฃ, salas de juego, supermercados y mรกs. Cada paso que รฉl daba, era un recordatorio incรณmodo: aquรญ, con visiรณn y trabajo, se puede. Pero para eso hay que sudar, invertir y arriesgar, no solo inaugurar obras de cartรณn y cortar cintas para la foto.

Lo que mรกs duele es que, a pesar de su legado, seguimos sin un verdadero plan de desarrollo turรญstico integral. Seguimos esperando que el Estado se decida a entender que el turismo no es un adorno, sino una industria que mueve economรญas y transforma vidas. Si hubiรฉramos tenido diez empresarios como Beto, trabajando de la mano con un gobierno serio y comprometido, hoy Loreto serรญa un destino mundial de primer nivel.

Beto Rodrรญguez nos deja una lecciรณn incรณmoda para muchos polรญticos: ๐™š๐™ก ๐™™๐™š๐™จ๐™–๐™ง๐™ง๐™ค๐™ก๐™ก๐™ค ๐™ฃ๐™ค ๐™จ๐™š ๐™™๐™š๐™˜๐™ง๐™š๐™ฉ๐™–, ๐™จ๐™š ๐™˜๐™ค๐™ฃ๐™จ๐™ฉ๐™ง๐™ช๐™ฎ๐™š. ร‰l lo hizo a pulso, sin excusas y sin esperar aplausos oficiales. Su vida es un testimonio de que el turismo puede ser una poderosa herramienta de progreso, pero solo si hay personas dispuestas a remar contra corriente.

๐™ƒ๐™–๐™จ๐™ฉ๐™– ๐™ก๐™ช๐™š๐™œ๐™ค, ๐™™๐™ค๐™˜๐™ฉ๐™ค๐™ง ๐˜ฝ๐™š๐™ฉ๐™ค. ๐™๐™จ๐™ฉ๐™š๐™™ ๐™๐™ž๐™ฏ๐™ค ๐™ก๐™ค ๐™ฆ๐™ช๐™š ๐™š๐™ก ๐™€๐™จ๐™ฉ๐™–๐™™๐™ค ๐™ฃ๐™ช๐™ฃ๐™˜๐™– ๐™จ๐™š ๐™–๐™ฉ๐™ง๐™š๐™ซ๐™ž๐™คฬ: ๐™˜๐™ง๐™š๐™š๐™ง ๐™š๐™ฃ ๐™‡๐™ค๐™ง๐™š๐™ฉ๐™ค ๐™™๐™š ๐™ซ๐™š๐™ง๐™™๐™–๐™™.