
✍️Héctor Peña Torres
Artículo del Periódico Digital LA SELVA
“VOZ PROPIA”
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Todos, sin excepción, queremos reales y necesarios cambios en nuestra región, una transformación que mejore las condiciones de vida de la población, dotándoles de urgentes servicios básicos, muy urgentes en las circunstancias actuales, en las que nuestras carencias, en diferentes sentidos, son más que evidente.
Nos estamos pasando las últimas décadas, eligiendo como gobernantes a sujetos, deshonestos, corruptos, demagogos, abominables, que contratan como sus funcionarios más íntimos a gente de la misma calaña, experta en robar, en hacer operaciones o transacciones fraudulentas em perjuicio del estado.
En unos meses elegiremos a diputados, senadores y al nuevo presidente del Perú, y el número de postulantes a esos cargos, es excesivo. Los partidos políticos están desesperados por tener una abrumadora presencia en todos los niveles del poder político para que todas sus decisiones, en nombre del país, sea altamente proporcional a sus mezquinos y oscuros intereses.
Los más notables corruptos quieren controlar el país en todas las líneas de decisiones, ese su objetivo principal, y no solo por unos años, sino generación tras generación, dejando como herencia a sus sucesores todos las inmundicias y asquerosidades que se derivan del poder ejercido como lo ejercen los sátrapas, los que no aceptan ningún control ciudadano, porque ello pondría en evidencia la perversión del poder en sus reales dimensiones.
A Iquitos están arribando políticos duramente cuestionados porque son parte de la corruptela, las arbitrariedades. Son los que están haciéndole un daño profundo e irreversible al país desde el legislativo y el ejecutivo, aprobando y promulgando leyes que atentan contra los legítimos intereses de una nación.
Entre los miembros de esos poderes se protegen groseramente. El blindaje es patente, pero lo niegan descaradamente, y atribuyen a una equivocada percepción lo que, a todas luces, es y lo seguirá siendo.
Ellos cohabitan, se necesitan mutuamente, por el momento. Son parte de la mesa directiva del congreso, y lo sabemos por qué, aunque los susodichos digan que están donde están porque piensan en los intereses supremos del Perú.
En el nombre del país se han ejecutado los episodios más funestos y trágicos de nuestra vida republicana. Los testimonios están por todos lados, debidamente documentados, de manera que no hay modo de que sus actos oprobiosos pasen desapercibidos.
El 28 de julio del 2026, la presidente Dina Boluarte se despedirá de palacio de gobierno. El día siguiente, 29, se va a convertir en uno de los días más aciagos de su existencia, dado que experimentará en carne propia lo que es sentirse sin poder político, sin la complicidad de sus anteriores aliados (los que la ayudaron a mantenerse en el poder todo este tiempo).
Lo que se le viene, se lo tiene bien merecido, por testaruda, soberbia, arrogante, por haber transado con pillos y bribones, a cambio de que la dejaran estar al frente del país, aunque nunca estuvo a la altura de las circunstancias.
No pasará mucho tiempo para que los peruanos la olviden. Habrá los que se acordarán de ella, no por su talla intelectual, sino por sus torpezas, su escasa inteligencia emocional y su “envidiable” capacidad para dispararse a los pies, para autolesionarse.