
✍️ Enrique Rodríguez Morales
Artículo del Periódico Digital LA SELVA
“AMAZONIA ENCENDIDA”.
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Iquitos no tiene agua. Resulta penoso afirmar que una ciudad rodeada por tres ríos, con agua arriba, abajo, en el subsuelo y con lluvias torrenciales que podrían poner verde toda la costa peruana, no tenga agua.
La isla bonita, como la llaman los entusiastas, está rodeada y atravesada por ríos y riachuelos que serían la envidia de cualquier ciudad del mundo.
Para tener una idea de lo que hablamos, el río Rímac tiene un caudal promedio de 25 metros cúbicos por segundo, que cuando llega a 100 m³ provoca inundaciones que son noticia mundial.
Estas cifras son ridículas frente al caudal de nuestros ríos. Según algunas estimaciones, el “pequeño” río Itaya tiene un caudal promedio diez veces mayor que el Rímac, el río Nanay supera los dos mil metros cúbicos por segundo y el Amazonas, frente a Iquitos, en sequía, tiene un promedio de 70 mil metros cúbicos por segundo.
Si el Rímac, con su pequeño caudal, abastece de agua a una metrópoli que supera los 12 millones de habitantes, ¿por qué Iquitos no tiene agua?
Iquitos no tiene agua por tres razones que las escribo en altas: CORRUPCIÓN, INEFICIENCIA e INCAPACIDAD de SEDALORETO y OTASS.
SEDALORETO, qué duda cabe, está quebrada técnica y financieramente. Esta situación se complica con la ineficiencia de la empresa, la incapacidad de sus técnicos y la corrupción de sus ejecutivos.
No hay agua. El poco suministro es agua no apta para el consumo humano y la planta de tratamiento es incapaz de limpiar los desagües de pueblos jóvenes que se han ubicado a pocos metros de la bocatoma.
La gran víctima es la población. Los recibos de agua son una estafa, que llegan con facturas infladas de aire en más del 50%.
¡Sí! El 50% de la factura es aire que se mete por la tubería, haciendo que los medidores sigan girando y marcando consumo que no se da.
Esto es algo que saben los ingenieros y ejecutivos de SEDALORETO y OTASS, que ordenan a los trabajadores ser cómplices de lo que es un robo descarado.
Para medir el impacto de este robo a la gente, hay que considerar que las zonas privilegiadas tienen agua 2 horas al día, pero existen zonas donde el agua llega 2 o 3 veces por semana.
Esta realidad abrió una ventana de oportunidad al próspero negocio de la venta ambulatoria de agua en camiones cisterna.
¿Quiénes son los afortunados dueños de los camiones? ¿Cuál es la relación con gerentes y altos funcionarios? Es algo que habría que descubrir.
Así como habría que publicar la lista de los “bendecidos” que no pagan agua por razones de dudosa explicación.