
✍️ Enrique Rodríguez Morales
Artículo del Periódico Digital LA SELVA
“AMAZONIA ENCENDIDA”.
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En el referéndum del 9 de diciembre de 2018, el 90.51% de los peruanos votamos en contra de la bicameralidad y el 85.81% contra la reelección de los congresistas.
Según los constitucionalistas, el referéndum es vinculante, es decir, obligatorio para el gobierno, el Estado y los poderes públicos.
Eso no funciona para los delincuentes que han capturado el Congreso con 2% de respaldo. Este Congreso ilegítimo no quiere cumplir con la ley y cree que el voto del pueblo peruano es basura.
Así como secuestró y destituyó ilegalmente a un presidente constitucional, le ha robado a la nación el derecho de decidir.
Perú, hay que decirlo, no es un país democrático. Lo que tenemos es un simulacro de democracia.
Hay una usurpación del poder nacional por parte de bandas de delincuentes que han capturado los poderes del Estado.
Para que entiendan los menos aptos a la comprensión lectora: es como si tú tienes un negocio y una casa, y contratas a un administrador que se apodera de tus propiedades y no respeta tu voluntad de propietario.
Ya te robó, aunque digas que tú eres el dueño y que tomas decisiones que tu administrador no cumple.
La pregunta es: ¿y quién tiene la culpa? La culpa es tuya, porque contrataste a un delincuente para que administre tus bienes.
El 2026 vamos a ir a votar por diputados, senadores y por la reelección de los mismos delincuentes.
O sea, dijimos NO a las dos cosas, pero no les interesa tu opinión. Como dicen los chicos: “te agarraron de webón” y saben que igual vas a votar.
Como está claro, estas elecciones son parte del simulacro democrático que se monta a través de un gran fraude.
El fraude empieza cuando desconocen el referéndum y cambian la Constitución. Pero luego encarcelan candidatos, inhabilitan rivales, persiguen líderes, anulan partidos y no se respetan ni los mandatos judiciales ni la protesta internacional.
Las elecciones del 2026 no tienen ninguna garantía. Con todos los poderes del Estado capturados por los criminales, y una inversión publicitaria de millones de dólares —dinero sucio, que nadie sabe de dónde sale—, estamos jugando con cartas marcadas.
Una campaña presidencial cuesta un mínimo de 30 millones de soles (Keiko y López Aliaga gastan más). La puede financiar una señora que nunca trabajó en su vida o gente desempleada.
Qué puedo decir, hay que ser muy… pero muy estúpido para votar por los mismos ladrones de siempre.
Pero bueno, en el simulacro de democracia, todos tienen el derecho de elegir al ladrón que quieren que les robe.