
✍️ Enrique Rodríguez Morales
Artículo del Periódico Digital LA SELVA
“AMAZONIA ENCENDIDA”.
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¿Existe el síndrome del esclavo feliz? Yo creo que sí. Y vemos que, a lo largo de la historia humana hasta nuestros días, esto ha sido una constante.
El caso más notorio es la resistencia de los esclavos judíos a ser liberados por Moisés y salir en busca de la Tierra Prometida.
Aarón, el jefe militar de Moisés, y los levitas, en varias oportunidades, tuvieron que pasar a cuchillo a los esclavos del faraón que se negaban a ser libres.
Esta realidad explica por qué Moisés camina durante 40 años con “el pueblo elegido por Dios” en un desierto del tamaño de la Reserva Nacional del Pacaya Samiria.
El objetivo político es simple: quiere que se mueran los judíos esclavos. A la Tierra Prometida solo debe ingresar una nueva generación de gente libre. En este punto, Moisés es consecuente. Él, como “hijo” adoptivo del faraón, tampoco ingresa a la Tierra de Canaán.
Esta resistencia al cambio y la libertad es permanente en los humanos. Prefieren la zona de confort, sin estrés ni desafíos, que les da la esclavitud, a los retos de luchar por la libertad.
Esto explica también la actitud de resignación de los judíos durante el surgimiento del régimen nazi, que tuvo al exterminio de la raza judía como un objetivo universal.
Para los nazis, “los judíos son las ratas de Europa. Una plaga que debía ser exterminada”. El Holocausto estaba cantado. Todos lo sabían. Pero la mayoría de los judíos se mostraban estancados, en un punto muerto y sin voluntad de lucha. Los más lúcidos hablaban de huir. Pero en el último tren.
No hubo último tren.
Vimos a los judíos resignados. Se dejaron marcar, como peste, con la estrella de David. Atacaban sus negocios. Luego se metieron a sus casas. Les robaron su dinero, sus obras de arte y sus joyas.
Después les quitaron sus propiedades, autos, casas, bancos, fábricas… y lo soportaron. Finalmente, los subieron a los trenes rumbo a campos de concentración y exterminio… Y, como ovejas, avanzaban a las duchas de exterminio en Auschwitz-Birkenau (Polonia), Buchenwald (Alemania), Dachau (Alemania), Treblinka (Polonia), Mauthausen (Austria).
Todos aceptaban la muerte en silencio.
Solo los comunistas, los anarquistas y socialistas resistieron; se enfrentaron en el gueto de Varsovia y en la resistencia guerrillera. Hombres y mujeres de izquierda luchaban por su vida, la libertad y un destino mejor para la humanidad.
Recuerdo esto y pienso en la resignación de los peruanos frente a la realidad actual.
Una dictadura con tufillo fascista que representa al 2% nos está llevando a las duchas de exterminio. Y los políticos parecen pelear por quién administra y ordena la cola.
¿Qué pasa? ¿Los peruanos sufren el síndrome del esclavo feliz?