Probablemente Chile empiece a recuperar la cordura política

✍️ Dante Bobadilla

Artículo del Periódico Digital LA SELVA
“RESPETADA OPINIÓN”
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Hoy se vota en Chile. Y todo parece indicar que Chile volverá a la cordura política rechazando a la izquierda. Aunque ridículamente una mayoría parcial del 30% apoya a la candidata comunista Jeannette Jara quien, según las encuestas, ganaría la primera vuelta, dejando claro que el izquierdismo radical no está muerto.

Se prevé que Jara pasará a segunda vuelta con algún candidato de derecha. Bien José Antoinio Kast o Johanes Kaiser, en ese orden. Y se supone, también según las encuestas, que en segunda vuelta la comunista Jara no tendría mayor opción de ganar, aunque todo puede ocurrir en unas elecciones. Sobre todo en un país como Chile, donde el zurderío oligofrénico llegó a cobrar tal fuerza que por poco destruye el país, pero llegó a capturar el poder con el tirapiedras y agitador callejero de Gabriel Boric, uno de los cabecillas de las hordas salvajes que incendiaron el país en octubre del 2019.

Y digo que probablemente hoy Chile empiece a recuperar la cordura política porque estas elecciones pueden marcar el fin de una época nefasta que empezó con la primera elección de Michelle Bachelet como presidente en el año 2006, siendo candidata de una coalición de izquierda a la que, poco después, se sumaría el Partido Comunista. Chile debe ser el único país de la región que aun conserva un partido comunista con ese nombre, lo que evidencia la fortaleza de la extrema izquierda.

La primera elección de Michelle Bachelet ya anunciaba el resurgimiento de una izquierda radical que buscaba un cambio de régimen político, empezando por una nueva Constitución. Esta izquierda radical nació ¡cómo no! en las escuelas y universidades, convertidas en centros de adoctrinamiento político de la izquierda. Ya en 2006 se vieron las primeras marchas de protesta en las calles exigiendo educación gratuita. Aquellas marchas estuvieron protagonizadas por estudiantes secundarios, por lo que los medios la bautizaron como «revolución pingüina» con algo de sorna, sin atisbar que eran solo las primeras olas del tsunami que vendría años después. El adoctrinamiento comunista en las escuelas y universidades era escandaloso pero nadie hizo nada al respecto.

El gobierno de Bachelet significó un freno al crecimiento económico del país. Chile venía creciendo a tasas del 7% hasta que se detuvo en 2010. Bachelet dejó a Chile con una tasa del 3.5%. Piñera logró recuperar la economía subiendo esa tasa al 5.5% en su primer gobierno, pero el regreso de Bachelet al poder acabó por sepultar la economía chilena. Boric dejará la tasa en 1.5%.

El hecho es que Bachelet fue la piedra en el zapato de Chile y el país no pudo caminar al mismo ritmo. Para finales del segundo gobierno de Bachelet en 2018 la economía ya estaba en caída libre. Luego volvió Piñera pero la izquierda no lo dejaría gobernar. Para entonces, tras dos décadas de adoctrinamiento constante y descarado, la izquierda ya había formado suficientes cuadros políticos y estudiantiles como para moverle el piso a un gobierno de derecha y exigir el cambio del modelo heredado de la dictadura de Pinochet.

El 18 de octubre del 2019 empezaron las manifestaciones estudiantiles lideradas por jóvenes universitarios, entre los que se encontraba Gabriel Boric, Giorgio Jackson, Camila Vallejo, Carol Cariola y muchos otros jovencitos radicalizados que pocos años después estarían gobernando Chile. Al día siguiente empezó la estampida zombie que desató la furia y el terror en todo Chile. Millones de jóvenes empezaron a salir a destruirlo todo, a asaltar negocios, a vandalizar monumentos, a incendiar estaciones de metro y todo lo que hallaran a su paso, incluyendo semáforos y carteles de tráfico. Las calles se convirtieron en escenarios de batallas campales entre jóvenes enardecidos y los carabineros. Piñera se vio obligado a sacar a los militares, pero poco pudieron hacer si tenían la orden de no disparar. La furia duró diez días y acabó con 500 comisarías vandalizadas, 56 iglesias incendiadas, 180 estaciones de metro quemadas y miles de heridos.

Las masas exigían la renuncia de Piñera y una Asamblea Constituyente. ¿Les suena conocido? En el Congreso apareció una denuncia constitucional contra Piñera para vacarlo pero no proosperó. Piñera salió en televisión nacional más asustado que pavo en Navidad para dar un mensaje ridículo. Empezó pidiendo perdón por algo que él no había hecho. Anunció rebajas de precios y dádivas de toda clase, pero la gente quería que se fuera. Al final Piñera tuvo que tramitar desesperado una convocatoria para la Convención Constituyente. Parecía el fin de Chile.

Convocada la Convención Constituyente, esta reunió a toda clase de seres extravagantes y estrafalarios salidos de la diversidad, la inclusión y la paridad, al punto que resultó ser un circo de payasos. Había uno disfrazado de Pikachu, otro de dinosaurio, otro de mariposa, otros hablaban con el torso descubierto y el cuerpo pintado de mensajes, etc. La presidenta de la Convencion fue una mujer mapuche que provocó el delirio y la admiración de todo el zurderío internacional. La revista Time la nombró como una de las cien personas más influyentes del año.

El resultado, como era previsible, fue un mamarracho de Constitución completamente indigerible que superaba los 400 artículos y ponía a Chile patas arriba, declarando derechos al por mayor, tanto para los pueblos originarios autónomos como para la sexualidad de las personas y su derecho a decidir con asistencia del Estado. Afortunadamente, puesta en plebiscito, el pueblo chileno rechazó esa Constitución por un margen del 68% y acabó en el tacho de basura, con lo que la izquierda acabó herida.

Paralelamente, la izquierda juvenil empoderada tras los sucesos de octubre del 2019, designó como candidato presidencial a uno de sus cabecillas, el tirapiedras Gabriel Boric, quien finalmente ganó las elecciones y es hasta hoy el presidente de Chile sin mucha fortuna. Su legado será un crecimiento económico casi nulo del 1.5% y un país sumido en la conflictividad, la corrupción y la crisis de inseguridad. Así acabará la aventura de la izquierda que empezó con unos estudiantes de secundaria protestando en el 2006.

Fuente: Facebook de autor.