
Iquitos y sus cuatro distritos quedaron sumidos en una noche crítica. Un nuevo apagón paralizó la ciudad, dejó viviendas sin energía y generó el caos habitual en las calles: semáforos apagados, tráfico desordenado y riesgos para peatones y conductores. En muchos hogares, los artefactos eléctricos se dañaron nuevamente, mientras que varias empresas reportaron fallas en sus equipos por la inestabilidad del servicio.
La situación se vuelve aún más grave por la persistente lluvia y las tormentas eléctricas que azotan la ciudad desde temprano, complicando cualquier intento de reacción o control. La ciudadanía expresa su molestia por un servicio que no ofrece garantías mínimas y que provoca pérdidas económicas y tensión constante. Hoy, la indignación es tan general como la oscuridad que cubre la ciudad.
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