SOLDADOS Y MERCENARIOS

✍️ Enrique Rodríguez Morales

Artículo del Periódico Digital LA SELVA
“AMAZONIA ENCENDIDA”.
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La muerte de dos loretanos en Ucrania generó un fuego cruzado de opiniones en las redes.
Hay que decirlo: no han muerto soldados, han muerto mercenarios, que no es lo mismo. No veamos héroes donde solo hay «gente que se alquila para matar».

Los soldados son miembros de una fuerza armada nacional, entrenados para defender a su patria con honor. El honor es el alma del soldado, que sabe que cumple una labor en defensa de sus recursos nacionales y de su pueblo.

Los soldados están sujetos a reglamentos, disciplina militar y códigos éticos.
Los mercenarios, por el contrario, solo luchan por dinero. No son leales a ningún principio o causa ética, solo cumplen con un «contrato de servicios» para realizar tareas específicas, sin reglas, normas éticas o leyes de la guerra.
Mientras un soldado va al combate motivado por la defensa de su país y los intereses nacionales, un mercenario «vende sus servicios» por interés económico individual.
Es decir, el soldado solo lucha por su país, por la defensa nacional, la seguridad y la integridad territorial.

El mercenario «trabaja» sin ética para quien lo contrata. Puede ser un service que terceriza gente en una guerra, para un cartel de drogas o incluso —como se da— alquila gente para grupos terroristas.

No es extraño ver a exmiembros de las FFAA «chalequeando» a cabecillas de bandas criminales o combatiendo en el VRAEM.
El caso más conocido es el de Artemio, exsargento del EP convertido en «mando» de una banda del narcotráfico integrada por exsenderistas.

Como está claro, un mercenario no está sujeto a leyes ni regulaciones, mientras que un soldado combate dentro de un marco legal nacional, que lo hace un combatiente legítimo bajo leyes internacionales.

Esta diferencia es importante porque define legalmente al soldado del mercenario.
Los soldados son considerados combatientes legítimos y están protegidos por las leyes de la guerra, mientras que los mercenarios pueden ser considerados combatientes ilegales y no tienen los mismos derechos y protecciones.
Un soldado actúa dentro del marco de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Además, se rige por la Convención de Ginebra de 1949 y su Protocolo Adicional de 1977, que establece las reglas para la protección de los prisioneros de guerra y los civiles en conflictos armados.

Estos instrumentos definen la diferencia entre soldado y mercenario. El soldado es un legal y legítimo guerrero; el mercenario no tiene derecho a ser considerado combatiente legítimo.

Por otro lado, la Convención Internacional contra el Reclutamiento, la Utilización, la Financiación y el Entrenamiento de Mercenarios de 1989 prohíbe el reclutamiento y la utilización de mercenarios en conflictos armados.
Claro está que, al margen de las normas y consideraciones éticas, los mercenarios han sido usados desde la antigüedad.
En tiempos más recientes destaca el uso de los Gurkhas de Nepal en el conflicto de las Malvinas, usados para hacer el «trabajo sucio» de los ingleses, o los grupos de tarea llamados «la Contra», pagados por los EE. UU. contra la revolución sandinista en Nicaragua, acusados de cometer delitos y crímenes de guerra.
De igual manera, están los mercenarios en la Guerra Civil Libia de 2011.

Actualmente, los mercenarios loretanos son incorporados a unidades de servicios del ejército israelí y son usados en Gaza, donde ejecutan la política genocida del criminal de guerra Benjamín Netanyahu, acusado de eliminación masiva de mujeres y niños.
De igual manera, en Ucrania, donde los ucranianos no quieren pelear, la OTAN ha promovido la contratación de «services» de mercenarios a favor de Kiev, los que son acusados de cometer todo tipo de crímenes, desde violación masiva de mujeres hasta eliminación de poblaciones enteras.
Por todas estas razones, los mercenarios, al ser capturados, no tienen derecho a ser considerados prisioneros de guerra ni cuentan con las protecciones y beneficios que se otorgan a los soldados legítimos.
Los mercenarios capturados pueden ser juzgados por crímenes de guerra o por otros delitos cometidos durante el conflicto.
Los mercenarios muertos tampoco tienen derechos, salvo los que hayan sido establecidos en el contrato de trabajo.