
Irónicamente, bajo el rótulo de fortalecimiento de capacidades técnicas y enfoque intercultural, se viene capacitando a personal regional para gestionar una realidad que no ha sido probada científicamente: la supuesta existencia de pueblos indígenas en situación de aislamiento y contacto inicial en amplias zonas de Loreto. A partir de esta premisa se estructuran intervenciones, se forman cuadros técnicos y se legitima un modelo que, en los hechos, termina consolidando restricciones severas sobre el territorio regional.
Hasta hoy no existe evidencia científica concluyente que demuestre la presencia real y permanente de estos grupos en las áreas delimitadas. Pese a ello, esta narrativa ha servido para fraccionar el territorio loretano mediante la creación de grandes extensiones intangibles donde está prohibida cualquier actividad productiva, de infraestructura o de integración. No se puede sembrar, no se puede invertir, no se puede interconectar, ni siquiera aprovechar de manera técnica y controlada los recursos naturales disponibles.
Este enfoque no solo bloquea el desarrollo, sino que genera vacíos de control estatal. Mientras se restringe la acción formal y legal, proliferan el narcotráfico, la minería ilegal, la tala clandestina, la trata de personas y otras actividades ilícitas. Zonas declaradas intocables se convierten, en la práctica, en territorios liberados donde el Estado no ingresa, pero sí lo hacen las economías ilegales.
A ello se suma la actuación de organizaciones y supuestos representantes que hablan en nombre de pueblos que no pueden ser verificados, gestionan recursos y proyectos, y encuentran en este esquema una fuente permanente de financiamiento y poder. La articulación entre ONG ideologizadas y sectores del aparato estatal termina fortaleciendo intereses creados, mientras Loreto ve limitado su derecho a desarrollarse.
Más que fortalecer capacidades, se está capacitando para sostener un modelo que inmoviliza a la región y profundiza su atraso. La Amazonía requiere políticas basadas en evidencia, control efectivo del territorio y una visión de desarrollo responsable que proteja el ambiente sin sacrificar el futuro económico y social de Loreto.