El debilitamiento de los caviares que están perdiendo espacios en lugares estratégicos, es analizado por Dante Bobadilla en las siguientes líneas;

“La ex poderosa mafia caviar languidece. Sus operadores políticos y sicarios fiscales han sido retirados de los cargos desde los que antaño se ufanaban haciendo abuso de su ilimitado poder. Gorriti, enfermo, no aparece más. Trump les quitó la plata con las que armaban todos sus psicosociales interviniendo groseramente en las campañas electorales para manipular a los tontos.

Por fin en esta campaña ya no se ven en las calles las marchas fascistas de odio contra Keiko que en campañas anteriores se organizaban casi semanalmente, contando con la entusiasta presencia de la crema y nata de la caviarada y el progreismo. Recordemos cómo llenaban sus cuentas de Facebook e Instagram con fotos de su participación en las marchas de odio a Keiko. No olvidar entre ellas a la esposa e hija de Mario Vargas Llosa.

Por fin en esta campaña electoral no hemos visto a las mamachas contratadas por las oenegés para marchar uniformadas con sus pancartas denunciando las esterilizaciones forzadas. Tampoco la fiscalía ha vuelto a denunciar esta vez las supuestas «esterilizacionoes forzadas», pese al archivamiento reiterado del PJ. Ya no aparecieron por las calles las chiquillas de la PUCP marchando con sus úteros de cartón denunciando lo mismo. Siempre en el momento de la campaña electoral. Apenas una sentencia muy oportuna de la CIDH sobre un caso concreto, pero que casi pasó desapercibido.

La mafia caviar ya no tiene el control de las instituciones ni del Ejecutivo, como antaño con Toledo, Ollanta, PPK y Vizcarra. Tampoco, al parecer, influye mucho en los medios para montar los típicos psicosociales contra Keiko. Ya no vemos a los conductores de programas de TV resucitando refritos de los 90 como si hubieran ocurrido ayer. Algo ha cambiado en esta campaña electoral. La mafia está de capa caída.

El otrora poderoso fiscal José Domingo Pérez, chacal de la mafia, que aprovechaba cada campaña electoral para presentar recursos contra Keiko, hoy está sin empleo. Se va de la Fiscalía sin haber logrado el objetivo para el que fue contratado por la mafia en el 2016: liquidar Fuerza Popular y encarcelar a Keiko por 35 años. Su enfemiza persecución llegó a su fin por la cantidad de errores que había acumulado en su obsesiva y perversa tarea.

Esta es la primera vez que Keiko puede hacer una campaña sin restricciones de libertad ni preocupada por su proceso, aunque la persigue el estigma y las infamias que se lanzaron contra ella. Lo que podemos decir a ciencia cierta es que, más que perder las elecciones por un puñado de votos, a Keiko la mafia caviar le hizo perder las elecciones de diferentes maneras. Desde la primera vez en el 2011 cuando Mario Vargas Llosa se sumó a la campaña contra Keiko con el lema «Fujimori nunca más». Keiko es la única candidata que ha tenido que enfrentar una sucia campaña de demolición en su contra en cada elección. Y aun así, llegó siempre a la segunda vuelta y le hicieron perder por un puñado de votos.

¿Será esta vez diferente? Mario Vargas Llosa descansa en paz. Gorriti pronto lo hará, pero ya está casi en el retiro y sin dinero para financiar las campañas de su ONG. Las demás oenegés pasan por lo mismo. Los sicarios de la mafia se quedaron sin empleo. La mafia caviar ya no tiene plata para contratar troles ni activistas ni periodistas ni medios. Aunque Beto Ortiz curiosamente se dedica cada noche a golpear a Keiko. Habrá que ver de dónde viene ese dardo”.