Propuestas insólitas

✍️ Dante Bobadilla

Artículo del Periódico Digital LA SELVA
“OVEJA NEGRA”
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Que las elecciones no se sustentan en procesos racionales ya es un hecho bastante conocido. Lo que la gente elige no es un plan de gobierno sino personas. De allí que las propuestas y planes de gobierno pasen a un segundo plano. Hay planes de gobierno que no llegan a las diez páginas, como la de Rafael López Aliaga, y los que están entre las 130 páginas, como la de Fuerza Popular, hasta los que llegan a las 230 páginas, como la de Ahora Nación, de Alfonso Líopez Chau. Los demás oscilan en ese margen.
Naturalmente ningún ciudadano va a tomarse la molestia de leer los planes de gobierno de los 35 candidatos y partidos que aspiran a la presidencia para decidir su voto. Eso es una absurda fantasía. Sin embargo, se cumple con el protocolo de armar el mamotreto del plan de gobierno para complacer las exigencias del ONPE. Luego vienen las declaraciones de los candidatos, que es lo que la mayoría de ciudadanos escucha para guiarse en su voto, si es que lo hace.
En realidad, la inmensa mayoría de votantes no decide su apoyo a un candidato por nada de lo anterior. Es decir, no le interesan ni los planes de gobierno y ni siquiera las declaraciones de los candidatos. Un candidato puede expresar ante los medios cosas absolutamente descabelladas y absurdas, y aun así no perderá el apoyo de quienes ya lo escogieron como líder. Sus seguidores aplaudirán cada palabra que salga de su boca, justificarán sus desvaríos y descartarán los ataques de sus adversarios.
Es lo que se llama “voto duro”. Gente que ha elegido a un guía antes que un candidato. El resto del electorado que se mueve en la nebulosa de la duda, que es más de la mitad, parece guiarse por la popularidad del personaje y la tendencia en las encuestas. Esta gente oscila entre la simpatía y el odio, se deja convencer fácilmente por las campañas en las redes sociales, y al no tener mayor bagaje cultural termina decidiendo el voto según el humor en que despierte el día de las elecciones.
Ese es pues el panorama general de nuestra democracia. Por un lado, la farsa de los partidos que no son partidos, los planes de gobierno que a nadie le interesan y nadie lee, las ofertas de los candidatos que carecen de sustento técnico, los votantes fanatizados por alguien, y los electores que eligen prácticamente al azar y definen las elecciones. ¿En serio esto funciona?