La Amazonía como eslogan: la campaña que promete todo y entiende poco.

Como reflexión por Semana Santa 20

✍️Econ. Rany Rodríguez Reátegui

Artículo del Periódico Digital LA SELVA
“RUMBOS”
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Por momentos, la campaña electoral peruana de 2026 parece un catálogo de buenas intenciones sin memoria. Se promete desarrollo para la Amazonía —ese vasto 60% del territorio nacional— con la misma ligereza con la que se anuncian carreteras, bonos o polos industriales en cualquier otra región. Pero la selva no es “cualquier otra región”. Y el problema no es solo lo que se promete, sino lo que se ignora.

La evidencia más reciente es incómoda y persistente. Mientras el país celebra una leve mejora en los indicadores nacionales, con una pobreza monetaria de 27,6% en 2024, las regiones amazónicas continúan atrapadas en una realidad estructuralmente distinta. En departamentos como Loreto, la pobreza alcanza el 43%, una cifra que duplica los niveles de algunas regiones costeras. En la Amazonía en su conjunto, estimaciones recientes sitúan la pobreza alrededor del 43,5%, revelando una economía que no logra traducir crecimiento en bienestar.

Más aún: en zonas como Amazonas, siete de cada diez personas viven en pobreza o al borde de ella, una señal clara de vulnerabilidad estructural, no coyuntural.
Sin embargo, el debate electoral parece transcurrir en otro país.

El consenso superficial
Casi todos los candidatos coinciden en lo mismo: “más inversión”, “más infraestructura”, “más integración”. La Amazonía aparece como una frontera a conquistar —una promesa de recursos, tierras y crecimiento— pero rara vez como un territorio con dinámicas propias, límites ecológicos y estructuras sociales complejas.

No es casualidad que muchas propuestas repitan fórmulas de décadas pasadas: carreteras longitudinales, incentivos extractivos, expansión agrícola. Es el mismo libreto que ha producido, simultáneamente, crecimiento económico en enclaves y pobreza persistente en comunidades.
El problema no es la inversión. Es su lógica.

Déficit fiscal: la ilusión del gasto sin estrategia
En esta campaña, la Amazonía también se ha convertido en una excusa para justificar promesas fiscales cada vez más expansivas. Programas de subsidios, megaproyectos sin evaluación clara y compromisos de gasto sin respaldo técnico se acumulan en discursos que compiten por ser más ambiciosos —y menos sostenibles.

Pero la Amazonía no necesita más gasto indiscriminado. Necesita mejor Estado.
El propio enfoque del desarrollo humano en el Perú muestra que el problema no es solo de recursos, sino de presencia efectiva del Estado: acceso a servicios, conectividad real, institucionalidad territorial. Sin estas bases, cada sol adicional corre el riesgo de diluirse en la geografía o en la informalidad.

La economía invisible (y la que nadie quiere ver)
Mientras los candidatos hablan de industrialización y grandes inversiones, la economía amazónica real sigue marcada por la precariedad y la informalidad. En muchos casos, las actividades más dinámicas —desde la minería ilegal hasta el tráfico de recursos naturales— operan fuera del marco estatal.

Incluso en iniciativas sostenibles, la desigualdad es evidente. Un reportaje reciente mostró cómo comunidades amazónicas reciben centavos por recursos que en el mercado global generan cientos de dólares, reflejando una cadena de valor profundamente asimétrica.

El resultado es un modelo económico extractivo que no redistribuye, no integra y, en muchos casos, tampoco es sostenible.

El territorio olvidado
El mayor problema de la Amazonía peruana no es la falta de propuestas, sino la falta de comprensión territorial. No se trata de replicar el modelo costeño ni de “conectar” la selva como si fuera un vacío. Se trata de reconocer que allí operan otras lógicas: economías dispersas, alta diversidad cultural, enormes costos logísticos y fragilidad ecológica.

Y, sobre todo, una histórica ausencia del Estado. La falta de servicios básicos sigue siendo alarmante en muchas comunidades: acceso limitado a salud, educación y electricidad no es la excepción, sino la regla en vastas zonas de la selva.

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Más de lo mismo… y menos de lo necesario
Quizás lo más preocupante de esta campaña no es lo que se dice, sino lo que no se discute. No hay un debate serio sobre ordenamiento territorial amazónico. Tampoco sobre economías sostenibles a escala local, ni sobre gobernanza indígena, ni sobre cómo cerrar brechas sin destruir el capital natural que sostiene la región.

En cambio, abundan las promesas rápidas, fiscalmente expansivas y políticamente rentables.
La Amazonía, una vez más, es tratada como escenario —no como sujeto.

Epílogo: el costo de no aprender
La historia reciente del Perú ofrece una lección clara: el crecimiento económico no garantiza desarrollo territorial. Y en ningún lugar es más evidente que en la Amazonía.

Seguir proponiendo lo mismo —más gasto, más infraestructura, más extractivismo— sin corregir las fallas estructurales es, en el mejor de los casos, ingenuo. En el peor, irresponsable.

Porque el verdadero déficit del país no es solo fiscal.

Es un déficit de ideas.