
«El Perú no puede permitirse otro Vladimir Cerrón en la sombra ni otra Dina Boluarte en la sucesión».
ESCRIBE: ANDRÉS ROMAÑA
A solo una semana de las elecciones, el panorama electoral se aclara en la cima, pero se enturbia en la disputa por el segundo lugar. Keiko Fujimori, según los resultados de las encuestas hasta antes de la fecha de prohibición legal, parecía tener un pie en la segunda vuelta. El riesgo real, sin embargo, es el déjà vu de 2021: que el balotaje nos obligue a elegir nuevamente entre el fujimorismo y una opción de izquierda radical.
Carlos Álvarez, con un discurso de centroderecha —responsabilidad fiscal y autonomía del BCR—, según los estudios publicados hasta el domingo venía consolidándose en la segunda posición. En la otra orilla, Rafael López Aliaga se encontraba hasta ese día en descenso, que no era gratuito; respondería a su negativa a moderar un discurso que hoy espanta al voto de centro y su descuido en propuestas de seguridad.
Por parte de la izquierda radical, Roberto Sánchez había mostrado un impulso en paralelo a Álvarez, pero la irrupción de Ricardo Belmont ha fragmentado ese sector, restándole oxígeno también a RLA y Álvarez. Esta dispersión es peligrosa, dado que un vuelco de último minuto de los indecisos hacia Belmont o Sánchez —ambos nefastos para la economía del país— podría catapultar a cualquiera de ellos a la segunda vuelta.
Ante este escenario, el centro y la derecha deben ser pragmáticos. La tendencia favorece a Álvarez, quien ha logrado penetrar en sectores populares. En política, es más viable apostar por una ola creciente que intentar revertir un prolongado declive.
No obstante, las preocupaciones sobre Álvarez son válidas: una vicepresidenta de perfil castillista y un dueño de partido lleno de denuncias. Sin embargo, el contrapeso legislativo de bancadas como Fuerza Popular o Renovación Popular podría garantizar gobernabilidad sin vacancia. En ese sentido, el reto del comediante para esta semana es presentar un equipo técnico de primer nivel que garantice independencia. El Perú no puede permitirse otro Vladimir Cerrón en la sombra ni otra Dina Boluarte en la sucesión.
*Artículo de Opinión Diario Peru21