
✍️ Dante Bobadilla
Artículo del Periódico Digital LA SELVA
“OVEJA NEGRA”
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La única explicación para que la izquierda siga siendo una opción política en el Perú debe ser la ignorancia. No veo otra manera de explicarlo, ya que cualquier persona bien informada sabría lo que ha hecho la izquierda en Latinoamérica en lo que va de este siglo. Y si es una persona informada que ha sobrevivido a los 70 y 80 en el Perú, tendría que saber perfectamente lo que nos espera si esas mismas ideas de izquierda que nos llevaron a la peor crisis de nuestra historia volvieran a aplicarse.
El recetario ideológico de Juntos por el Perú, reúne todas las malas ideas que ya se han aplicado en el Perú desde los años de la dictadura de Velasco. Es decir, la expropiación de las empresas, la expulsión de las empresas extranjeras, el control del mercado por parte del Estado, la profusión de empresas públicas llenas de corrupción y de sindicatos comunistas que se pasan la vida haciendo huelgas para exigir más gollerías, la prohibición de exportaciones para privilegiar el mercado interno, el control de divisas, etc.
Todo eso ya lo hemos padecido y el resultado fue la miseria, la hiperinflación y el colapso del Estado. Por fortuna pudimos salir del foso en los noventa, gracias a las reformas liberales implementadas a partir de una nueva Constitución, cuyo capítulo económico es la envidia de nuestros vecinos, que se admiran del crecimiento económico del Perú a pesar de su crisis política. Pero lo funesto de la nueva izquierda peruana, que de nueva no tiene nada, es que justamente pretende cambiar el capítulo económico de la Constitución, para volver al viejo modelo fracasado de los 70 y 80.
La excusa es siempre la misma: no ha resuelto el problema de la pobreza, la desigualdad y la falta de servicios públicos básicos. Pero eso es otra cosa. Es como decir que queremos cambiar la cocina y sus recetas porque el servicio en el restaurante es malo. La economía no es responsable de la administración deficiente de los servicios públicos ni de la falta de obras ni de la corrupción. Es decir, la izquierda ni siquiera puede hacer un diagnóstico acertado del origen de nuestros problemas.
Lo que la izquierda quiere es el control de la economía para dar rienda suelta a sus delirios. Es usar al Estado para competir con los privados en una competencia desleal. Llenar el Estado de empresas públicas para usarlas como agencias de empleo. Regalar dinero hasta que se acabe y que luego venga otro gobierno a reparar los daños. Esa historia ya la conocemos.