
– No se trata de K, se trata del país.
✍️Juan Carlos Eguren.
Hay momentos en los que un país no puede darse el lujo de la dispersión. Y este es uno de ellos.
Tras denunciar irregularidades graves en la primera vuelta y reclamar una auditoría que garantice una segunda vuelta limpia, esa exigencia es irrenunciable, pero el Perú no puede quedar detenido. La política no espera, menos aún cuando está en juego el rumbo del país.
Mientras la derecha aparece fragmentada, sin una estrategia de comunicación clara ni un plan para captar al elector indeciso, la campaña de Roberto Sánchez avanza. Suma apoyos, activa coaliciones y fortalece sus redes. Alfonso López Chau apareció marchando al lado de Roberto Sánchez. Ronald Atencio participó en el congreso de Antauro Humala, donde sectores radicales ratificaron su apoyo a Juntos por el Perú.
La pregunta para el centro-derecha cae por su propio peso: ¿Hay alianzas a la vista? ¿Existe un plan conjunto de defensa de ideas? la respuesta es NO.
Sánchez propone un “proyecto de retroceso, hambre e incertidumbre”. Sus ejes: cambiar la Constitución, eliminar la libre iniciativa privada, revisar los tratados de libre comercio, intervenir la autonomía del BCR, estatizar recursos naturales y sectores estratégicos, atacar la agroexportación e incluso amenazar la independencia de los medios de comunicación.
En síntesis, se propone desmontar los pilares que han sostenido el crecimiento, el empleo y la estabilidad de las últimas décadas.
Frente a ello el centro-derecha y todas las fuerzas democráticas que rechazan un proyecto antisistema deben entender que este no es momento para cálculos individuales. Se requiere urgencia, unidad y sentido de responsabilidad.
Tanto Fuerza Popular como Renovación Popular tienen que asumir el rol que jugarán en el próximo Parlamento para frenar cualquier deriva radical de la izquierda. El tiempo apremia.
El voto blanco o viciado, puede nacer de la frustración, pero votar en blanco o viciar es dejar que otros decidan por ti. No se puede tolera los llamados a la insurgencia o a un “golpe democrático”. “Es inadmisible que se pida algo así. La institucionalidad no se defiende tumbándola”.
El Perú enfrenta una disyuntiva clara: o las fuerzas de centro y derecha entienden la gravedad del momento y actúan en consecuencia, o volveremos a pagar el costo de la división.
La historia reciente ya dio suficientes lecciones. Ignorarlas sería imperdonable.
Las fuerzas de derecha están obligadas a unirse y a descartar salidas insurreccionales. La fragmentación solo acelera el avance de un proyecto que pone en riesgo el modelo económico y la institucionalidad democrática.
NOTA: Artículo basado en editorial del Comercio.