Se reactiva el antifujimorismo

✍️ Dante Bobadilla

Artículo del Periódico Digital LA SELVA
“OVEJA NEGRA”
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A pocas horas de acabar el conteo total de las actas electorales, se confirma que la segunda vuelta será entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, lo que ha provocado el rápido alineamiento del antifujimorismo patológico a favor del candidato de la ultra izquierda radical.
Este fenómeno ya no puede ser explicado por la ciencia política, si tal cosa existe, sino por la psiquiatría, pues preferir poner el país en manos de la extrema izquierda radical, antes que en las de Keiko Fujimori, solo puede tener una explicación desde el campo de la salud mental.
Lo curioso es que todos los defectos que los sectores del antifujimorismo le achacan a Keiko, pueden encontrarse completos y ampliados en Roberto Sánchez y sus aliados, desde los actos de corrupción en el poder hasta los asesinatos, pasando por los golpes de estado. ¿Por qué no se valoran igual los escandalosos actos de corrupción durante el gobierno de Pedro Castillo, quien se dedicó a robar en banda con sus familiares, sus ministros, sus congresistas y hasta con su secretario en palacio de gobierno?
¿Por qué no se valora igual el golpe de Estado de Pedro Castillo, aunque haya sido fallido, si hasta copió literalmente la proclama y frase de Fujimori? ¿Por qué no importan igual los crímenes de Antauro Humala, principal aliado de Roberto Sánchez? ¿Por qué a nadie le espanta que entre los cuadros de Roberto Sánchez se vean ex terroristas prontuariados o gente que fue muy cercana al terrorismo? Al igual que con Pedro Castillo, el Movadef está también presente en las filas de Roberto Sánchez.
Pero nada de eso parece importar. Estamos una vez más frente a la ya famosa hipocresía y doble moral de la izquierda, pues la mayor parte del antifujimorismo es izquierdista, o al menos han sido adoctrinados por la izquierda en el odio a Keiko y su padre. Viven con los mitos y mentiras inventados en el último cuarto de siglo por la izquierda para destruir la imagen de Alberto Fujimori y liquidar su legado. Casi todo lo que se repite sobre Keiko y su padre es un mito o una mentira, repetidas incansablemente hasta que la gente acaba creyéndolo.
Empezaron convirtiendo a Fujimori en dictador, luego en genocida y llegaron a la estupidez de colocarlo en el ranking de los presidentes más corruptos del planeta sin tener sustento alguno. Y cuanta más estúpida y fabulosa es una mentira, más gente lo cree. Así, por ejemplo, Keiko es la que gobierna el Perú hace diez años. Y no lo dice cualquier idiota de las redes sociales. Lo dicen desde caviares de la talla de Rosa María Palacios y César Hildebrandt hasta la pandilla de streamers de La República, entre otras sentinas de izquierda.
Frente a ese panorama plagado de mitos, mentiras, odios y estupidez, Keiko no la tiene fácil. El Perú vuelve a estar en vilo entre la extrema izquierda radical, delirante y desestabilizadora, y la democracia con orden, libertad y crecimiento económico representado por Keiko Fujimori.