
✍️HECTOR PEÑA
Artículo del Periódico Digital LA SELVA
“VOZ PROPIA”.
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Tanto Kiko Fujimori como Roberto Sánchez culminaron su participación en el balotaje con un empate técnico. La lideresa de Fuerza Popular hasta este momento la logrado el 50.007% de respaldo en las urnas (8’754,685 votos), mientras que el representante de Juntos por el Perú ha llegado al 49.923% de dicho respaldo (8’646,444 votos).
Hay quienes indican que la distancia entre ambos candidatos se viene acortando minuto a minuto, de manera tal de que nadie puede cantar victoria. Los candidatos presidenciales están en compás de espera, inquietos y nerviosos, y los datos oficiales de la ONPE sobre la segunda vuelta siguen actualizándose.
Me pareció sensato y oportuno que Keiko Fujimori y Roberto Sánchez hayan invocados sus seguidores a mantener la calma y a no llegar a conclusiones equivocadas acerca de la manera en que manejó la segunda vuelta, dado que podrían producirse enfrentamientos entre los sus seguidores, que podrán tener consecuencias sociales funestas.
También es digno de destacar que aseguraron que respetarán los resultados, evitando así incorporar en este contexto la narrativa del fraude que podría acentuar aún más la polarización en el país.
Yo ya venía sosteniendo, desde hace buen tiempo, que los resultados de esta jornada electoral iban a ser apretadísimos, tomando en cuenta a los millones de indecisos y de los que pensaban votar en blanco o viciar sus votos.
Hay un notable desprestigio de la clase política, y ese exorbitante número de votantes había decidido no apoyar a ninguno de los dos candidatos, aunque tuvieran interesantes propuestas para mejorar las condiciones de vida de todos los peruanos.
Keiko y Roberto Sánchez no lograron convencer a ese grupo de peruanos, hastiados por tantas promesas incumplidas y por la corrupción, que ha echado raíces en todos los estamentos del estado.
Vuelvo a decirlo: la hija de Alberto Fujimori tiene todas las posibilidades de llegar a Palacio de Gobierno, pero esa victoria no sería aplastante o apabullante, tal como lo esperaban los seguidores de quien postula por cuarta vez a la presidencia de la república.
Si Keiko gana, está en la obligación de dar cumplimento a su plan de gobierno, lo cual permitiría al Perú solucionar sus problemas más gravitantes, y que llevan muchos años evitando que millones de peruanos accedan a los servicios básicos y los programas sociales.
Sin embargo, nada está dicho aún, todo está en suspenso. Hasta los canales de televisión capitalinos que apoyaron abiertamente a Keiko Fujimori están ejerciendo cautela y no hablan de Keiko como la sucesora de Dina Boluarte. Las cosas pueden cambiar repentinamente, en un abrir y cerrar de ojos.
Debo confesar que pensé que Keiko iba a arrasar en estas elecciones presidenciales, especialmente si analizamos el modelo de campaña política que puso en marcha. No fue así, y ello tiene su explicación en el anti voto que volvió a jugar en su contra, aunque se decía que esa situación había sido superada y que era un factor del pasado.
Gane quien gane, tiene que hacerlo pensando en el Perú, pensando en las múltiples oportunidades que tenemos para salir avanzando, reduciendo los niveles de pobreza y los índices de criminalidad. Hay que fomentar el empleo, el respeto a los derechos laborales así como a la institucionalidad democrática