La espera final

✍️ Dante Bobadilla

Artículo del Periódico Digital LA SELVA
“OVEJA NEGRA”
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Ya todo está hecho y dicho en este proceso electoral que culmina lentamente en cifras que van variando cada hora, como si fuesen el conteo de relojería de un artefacto explosivo. Por el lado de la izquierda ya festejan el triunfo con algarabía, mientras que el fujimorismo aguarda en calma el fin de esta historia, manteniendo una cauta esperanza.
Lo evidente es que el país sigue dividido a la mitad y que el voto rural andino es opuesto al de Lima y otras urbes importantes, lo cual nos plantea serios retos en el análisis de lo que está pasando acá. Yo no soy de los que aceptan fácilmente análisis rápidos y fáciles por parte de los sociólogos y politólogos de izquierda, quienes aseguran se trata de una respuesta contestataria de sectores históricamente abandonados.
Gran parte del Perú, como de cualquier otro país grande y complejo, está abandonado en sus zonas rurales interiores. Podríamos decir que eso es algo normal. De eso se trata la diferencia entre el campo y la ciudad. Pero eso no significa que en el campo tengan que votar por la izquierda. Además, lo hacen a menudo eligiendo gobernadores de izquierda que no les resuelven sus problemas. Así que yo no me trago esa narrativa de que el voto a la izquierda representa “el rechazo de los sectores marginados”.
Eso más me parece una forma de justificar una anomalía electoral que merece investigarse a profundidad. Por ejemplo, estas famosas mesas 900K, en las que la izquierda alcanza votaciones increíbles de más del 90%. Se calcula que allí hay poco más de un millón de votos, suficientes para ganar una elección. Esa anomalía electoral nunca ha llamado la atención de los sesudos analistas. Y la razón es muy simple: todos ellos son rojos y no les interesa ahondar en ese fenómeno que los favorece.
En este proceso la credibilidad del ONPE ha caído por los suelos. No solo en su capacidad para organizar las elecciones sino en su curiosa maniobra para montar mesas electorales de esta serie 900K a su capricho y antojo. Se dice que es para facilitar el voto en zonas remotas, pero ya se demostró que muchas de ellas no están en zonas remotas sino muy cerca de centros poblados. La otra curiosidad es que tal interés por facilitar el voto en zonas remotas del interior del país no ocurre en el extranjero, en donde se colocan pocas mesas obligando a los electores a desplazarse cientos de kilómetros para poder sufragar.
Como sea, ha llegado la hora de realizar una inspección profunda dentro de la ONPE y revisar sus protocolos y procedimientos. Urge una auditoría total en esa entidad que huele a podrido.