LLEGÓ SAN JUAN

Y llegó el día.

Para muchos, el día más esperado del año en Loreto.

Porque por más fiestas que existan en el calendario, ninguna se parece a San Juan. Ninguna mueve tanto a las familias, a los barrios, a los amigos y a los recuerdos como esta fecha que hoy vuelve a unir a toda la Amazonía.

Desde hace varios días la ciudad viene preparándose para este momento. En algunos hogares criaron sus propias gallinas pensando en el juane de hoy. Otros fueron en busca de las mejores hojas de bijao. Muchos recorrieron mercados, hicieron compras de último minuto y hasta esta madrugada todavía había familias hirviendo juanes para que todo salga perfecto.

Y es que el juane no es solamente un plato típico. Es casi un acto de amor familiar. Cada casa tiene su receta, sus secretos y sus orgullos. Por eso también existe esa sana competencia de todos los años. El vecino cree que su juane es el mejor. La tía está convencida de que nadie iguala el suyo. Y siempre hay alguien que pide probar uno de cada casa para dar su veredicto.

Al final, todos terminan compartiendo.

Porque de eso se trata San Juan.

De abrir la puerta.

De invitar a sentarse.

De servir un plato más.

De reencontrarse.

Los que tienen algunos años encima seguramente recuerdan aquellas celebraciones de antes en la avenida Quiñones, cuando la fiesta parecía no terminar nunca. Las visitas a la feria artesanal, los encuentros familiares que comenzaban por la mañana y acababan entrada la noche, los amigos que aparecían sin anunciarse y las largas conversaciones que siempre terminaban acompañadas de música.

Y hablando de música, también hay sonidos que forman parte de esta fecha.

Suenan los clásicos de siempre.

Suena la pandilla.

Suena la música típica.

Y cuando empiezan a escucharse los acordes de los Wemblers de Iquitos, algo especial ocurre. Hay canciones que no necesitan presentación porque forman parte de la memoria colectiva de varias generaciones. Basta que empiece una melodía para que aparezcan los recuerdos, las emociones y las ganas de sacar a alguien a bailar.

Porque San Juan también se baila.

Se baila alrededor de la humisha.

Se baila en familia.

Se baila entre amigos.

Se baila en las plazas, en los barrios y en los patios donde la celebración sigue viva generación tras generación.

Mientras unos prefieren la orquesta del momento, otros encienden la radio de la casa como se ha hecho toda la vida. Algunos ponen al DJ de turno. Otros siguen fieles a las canciones que escuchaban sus padres y sus abuelos. Lo importante es que haya música y que haya ganas de celebrar.

Y junto a todo eso están los sabores que anuncian que es San Juan.

La chicha bien casha casha.

El plátano sancochado.

El ají charapita.

La presa de gallina.

El juane recién abierto que todavía conserva el aroma de la hoja de bijao.

Son sabores que cuentan historias. Historias de familias, de barrios, de comunidades y de una región que aprendió a convertir sus tradiciones en motivo de orgullo.

Hoy habrá quienes celebren junto a los ríos, en las lagunas y en los balnearios. Otros lo harán en casa, rodeados de sus seres queridos. Algunos estarán lejos de Loreto y sentirán un poco de nostalgia al recordar cómo se vive este día en su tierra.

Pero todos compartirán algo en común.

La certeza de que San Juan sigue siendo esa fecha capaz de reunirnos alrededor de una mesa, de una canción y de un abrazo.

Y quizá por eso sigue siendo la fiesta más querida de nuestra Amazonía.

Desde Diario La Selva saludamos a todas las familias loretanas y les deseamos una hermosa Fiesta de San Juan.

Que nunca se pierdan nuestras costumbres, nuestras tradiciones y esa maravillosa capacidad de celebrar la vida juntos.

NUNCA.

I.R