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Honestamente necesito tragarme un Gravol antes de escuchar las peroratas enfermizas de César Hildebrandt, con sus ya insufribles letanías de odio contra el fujimorismo, que son la clave central de sus editoriales y de su charlatanería monotemática. Y ahora que Keiko Fujimori ha ganado las elecciones, el pobre hombrecillo ya no puede controlar su hígado y esta semana ha salido a soltar otro vómito negro contra Keiko y su padre. Sí. Una vez más.
No entiendo cómo hay gente que idolatra a este fantoche de la prensa basura de izquierdas. César Hildenbrandt es el típico traumado de izquierdas, el resentido social enemigo eterno de la derecha desde sus días de sirviente del dictador Velasco, quien le enseñó a detestar a los ricos, hasta el punto que hasta hoy sigue insultando a los «barones del azúcar» cada vez que puede. Yo sería incapaz de desperdiciar un sol comprando su panfleto para leer a mamarrachos como Carlos Leon Moya, esquizoides filoterroristas como Juan Manuel Robles o mediocres de pacotilla como Eloy Marchán.
Esta semana, César Hildebrandt ha expulsado otro de sus típicos vómitos negros contra el fujimorismo, para luego hacer gala de sus perturbaciones mentales llamando a todos a unirse contra lo que se viene en un gobierno de Keiko. Pide a las oenegés de DDHH que hagan causa común y empiecen ya a invocar a todas las instituciones internacionales a que estén atentas por lo que pueda ocurrir en el Perú bajo la «yakuza» de Keiko. ¿Pero qué le pasa a este pobre hombrecillo?
Como para justificar su histérico temor hace un recuento de lo que, en su anquilosada memoria, fue el gobierno de Fujimori en los 90. Claro, muchas cosas pueden criticarse de Fujimori. No fue un santo ni un demócrata ejemplar. Pero de allí a pintarlo como un villano de la talla de Nicolás Maduro o Fidel Castro dista un largo trecho. Quien haya vivido en el Perú en los 90 sabe perfectamente que en el Perú había paz social. La gente empezó a respirar con tranquilidad luego de la espantosa pesadilla que fueron los 80 con la hiperinflación y el terrorismo de dos bandas de izquierda.
En los 90 el Perú empezó a recuperarse como un país normal, adonde llegaban inversiones extranjeras. Pero eso es justamente lo que le jode al velasquista Hildebrandt, quien detesta que hayan llegado empresas chilenas. Culpa a Fujimori porque «remató el Perú» cuando lo que se hizo fue recuperar el país de la debacle a la que nos llevaron 165 empresas estatales quebradas, junto a sus sindicatos comunistas que paralizaban el país cuando querían.
Pero para el perturbado mental de César Hildebrandt todo lo que se hizo en los 90 fue malo. Fujimori fue lo peor. Y habla de cosas que nunca ocurrieron, como persecución de la prensa. ¿Qué persecución de la prensa? En los 90 hubo total y absoluta libertad de prensa así como libertad política. Y César Hildebrandt lo sabe porque él dirigía la revista «Sí» donde se ventiló el caso La Cantuta. En los 90 todos los medios denunciaban a diario a Montesinos, al Grupo Colina, a Martín Rivas, hablaban de Leonor la Rosa, Mariela Barreto, etc. Todo se ventilaba libremente y nunca hubo persecución de la prensa, nunca se cerró un medio ni nada de lo que vimos en el chavismo.
Miente Hildebrandt al hablar de persecución en los 90. Llega al ridículo de afirmar que «la dictadura tenía un plan para asesinarme» ja ja ja Hasta nombre tiene ese plan. Ridículo realmente. Como si alguien necesitara hacer todo un plan, con nombre incluido, para asesinar a una persona. Pregúntenle a un sicario de estos días si necesita elaborar un plan para ir a dispararle a alguien. Pero César Hildebandt llega a esos extremos de mentira y ridiculez. Su egolatría le juega una mala pasada a su mente afiebrada.
Sin embargo, nunca le hemos escuchado decir una sola condena a la feroz época de persecución política desatada por la mafia caviar durante los años de Vizcarra. Ni una palabra sobre el control total de una Fiscalía corrupta por parte de la mafia que encabezaba el personaje que tiene como invitado, a quien acaricia con palabras melosas y cómplices, quejándose de que lo tienen empapelado. Ni una palabra sobre la tenebrosa época de la mafia caviar que controlaba a la prensa y manipuló las elecciones del 2016 para colocar a PPK en el poder. Ni una palabra de condena a la infame persecución política de Keiko Fujimori y Alan García, a quien empujaron a la muerte enviando a su casa para enmarrocarlo, a un fiscal de quinta categoría que hoy está preso por corrupto.
Y menos dirá ni media palabra de condena por la manera atroz en que encarcelaron a Keiko tres veces sin fundamento alguno. Nada parecido ocurrió en los 90. Hildebrandt critica los diarios chicha que Montesinos mandó hacer, pero no condena los diarios chicha de Vizcarra utilizados para destruir opositores políticos, fiscales y jueces incómodos a la mafia con vergonzosas portadas difamatorias. Hildebrand condena el golpe de Fujimori que permitió reconstruir el país de su peor debacle, pero no condena el golpe de Vizcarra que fue una maniobra de la mafia caviar para no perder el control del TC, pues era una mafia que controlaba todas las instituciones. ¿O es que el agudo y perspicaz periodista que dice ser Hildebrandt no se dio cuenta de eso?
Ni una palabra dice Hildebrandt de esa mafia que controlaba todas las instituciones desde IDL. No. Al contrario, invita al cabecilla de esa mafia para agradecerle por los servicios prestados al país combatiendo de manera canalla al fujimorismo y al Apra, y para seguir engañando a generaciones de idiotas con los cuentos de terror sobre los 90 y el fujimorismo. Felizmente nos hemos salvado de caer en manos de esta izquierda mendaz y fracasada.
✍️Dante Bobadilla