De las RS de Dante Bobadilla, columnista de nuestro Diario

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Roberto Sánchez resultó ser el perdedor de las elecciones. Pero no cualquier perdedor. Resultó ser un gran perdedor. Luego de haberse creído ganador, recibiendo felicitaciones anticipadas de parte de los trepadores y felpudinis de ocasión, pasó una semana despachando como nuevo presidente, tomándose fotos con sus aliados y repartiendo ministerios entre sus amigos. Hasta que el conteo de la ONPE cambió su realidad cuando llegaron los votos del extranjero.

¿Qué le quedaba para salvar su imagen ridiculizada por la página oficial del ONPE? Alegar fraude en el extranjero. La excusa: no se habían digitalizado las actas por un cambio en la normativa. Se inventó el cuento de que ese cambio era ilegal. La verdad es que ni en la primera vuelta se logró digitalizar todas las actas. Era un requerimiento absurdo que solo complicó las cosas, por lo que en la segunda vuelta fue deshechado, como se deshecharon muchas otras cosas absurdas, como la impresión del acta en mesa o el uso del sowftare STAE, etc.

El mal perdedor Roberto Sánchez alegó muchas cosas, y hasta propuso anular toda la votación del extranjero. Luego pidió el reconteo de todos los votos «por transparencia». Luego alegó que había un «fraude en proceso», hasta que al final anunció que no reconocería el gobierno de Keiko. Ahora se dedica a convocar marchas «en defensa del voto». La verdad es que no hay nada de qué sorprenderse. Así es la izquierda.

Cualquiera que conozca la política peruana sabe que la izquierda es un gran manicomio repleto de dementes que padecen el mismo trastorno mental, que algunos llaman «ideología». Para mi es un simple trastorno mental caracterizado por una tendencia a ignorar la realidad y la verdad, para preferir sus fantasías y narrativas. Por eso no importa de qué loco se trate, siempre oirás el mismo discurso saturado de menciones al «pueblo, pueblo, pueblo».

Cualquier demente de izquierdas tiene el mismo plan de salvación del país: refundación de la patria, nueva Constitución, nacionalización de todos los recursos, intervención del Estado en la economía para garantizar la «justicia económica», incremento del salario mínimo, fin de lo que llaman «exoneraciones tributarias» cuando en realidad son tasas diferenciadas en función del tipo de negocio, eliminar los oligopolios y monopolios privados (no los del Estado, obviamente), aunque para ellos un «oligiopolio» es que cuatro marcas tengan la preferencia de los consumidores en medio de un abanico de 30 competidores.

En suma, ya sabemos lo que es la izquierda. No importa quién sea el personaje. A todo eso hay que añadirle el coqueteo con los remanentes del terrorismo, la utilización electoral de la masa indígena, y un furioso discurso antifujimorista porque, por ahora, el fujimorismo es el principal rival político. Los demás partidos ya desaparecieron. Solo queda Keiko para contener a toda la izquierda delirante y fracasada. ¿La dejarán gobernar? Esa es la cuestión que falta responder.

✍️Dante Bobadilla