DE HIJA DE PRESIDENTE A PRESIDENTA

La historia política del Perú acaba de sumar un capítulo singular. Keiko Fujimori se convirtió en presidenta electa tras imponerse en una de las elecciones más disputadas de las últimas décadas, logrando finalmente el objetivo que persiguió durante cuatro campañas presidenciales. Después de sus derrotas en 2011, 2016 y 2021, la lideresa de Fuerza Popular alcanzó la Presidencia en 2026, cerrando una larga travesía política marcada por la perseverancia, la polarización y el peso de un apellido que despierta adhesiones y rechazos con la misma intensidad.

Su victoria la coloca en un lugar excepcional de la historia republicana: junto a su padre, Alberto Fujimori, integra uno de los pocos casos conocidos en el mundo en que padre e hija llegan a la Presidencia de un país mediante el voto popular. Alberto Fujimori fue elegido presidente por primera vez en 1990 y reelegido en 1995, convirtiéndose en una de las figuras más influyentes de la política peruana contemporánea.

Para millones de peruanos, Alberto Fujimori fue el gobernante que derrotó al terrorismo de Sendero Luminoso, estabilizó una economía devastada por la hiperinflación y devolvió una sensación de orden al país. Para otros, su gobierno quedó marcado por el autoritarismo, las violaciones a los derechos humanos y los casos de corrupción que terminaron llevándolo a los tribunales. Esa dualidad convirtió al fujimorismo en el movimiento político más resistente y, al mismo tiempo, más controvertido del Perú moderno.

Keiko Fujimori creció bajo esa sombra. Fue primera dama desde muy joven, ingresó luego al Congreso y durante más de quince años intentó construir su propio liderazgo. Sin embargo, cada campaña presidencial terminaba enfrentándola a un fenómeno persistente: el antifujimorismo. En tres ocasiones alcanzó la segunda vuelta y en tres ocasiones fue derrotada por estrechos márgenes. La cuarta fue la vencida.

Su elección representa mucho más que una victoria personal. Marca el retorno del apellido Fujimori al Palacio de Gobierno treinta y seis años después de la primera elección de Alberto Fujimori. También abre una nueva etapa en la que tendrá el desafío de gobernar un país dividido, reconciliar una herencia política compleja y demostrar que su mandato puede ser recordado por méritos propios y no solamente como la continuación de una de las sagas familiares más influyentes de la historia política peruana.

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