
La historia peruana tiene pocos capítulos familiares escritos desde Palacio de Gobierno. El primero comenzó en el siglo XIX con Manuel Pardo y Lavalle, presidente entre 1872 y 1876, y continuó décadas después con su hijo José Pardo y Barreda, quien gobernó el país en dos periodos distintos. Más de cien años después, el Perú vuelve a registrar un hecho excepcional: Alberto Fujimori y su hija, Keiko Sofía Fujimori Higuchi, alcanzan la Presidencia de la República.
Pero esta no es solo una historia de herencia política. También es una historia de perseverancia.
Keiko Fujimori llega a Palacio tras una larga travesía política marcada por tres derrotas presidenciales, investigaciones judiciales y un periodo de prisión preventiva. Admirada por unos y cuestionada por otros, se convirtió durante años en una de las figuras más polarizantes del país. Sin embargo, nunca abandonó su objetivo. Cuando muchos creían terminada su carrera política, volvió a intentarlo.
En su cuarto intento alcanzó finalmente la Presidencia y escribió una nueva página en la historia política peruana.
El apellido Fujimori regresa así al despacho presidencial, aunque en circunstancias distintas y con una protagonista que deberá construir su propio legado. La referencia a su padre será inevitable, pero los desafíos son enteramente suyos: gobernar un país dividido, enfrentar la inseguridad y responder a las expectativas de millones de peruanos.
Después de años de caídas, retornos y perseverancia, la meta fue alcanzada. Ahora comienza la parte más difícil: gobernar.
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