¿Es posible una reconciliación?

✍️ Dante Bobadilla

Artículo del Periódico Digital LA SELVA

“OVEJA NEGRA”
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Ante la inminente proclamación de Keiko Fujimori como próxima presidenta del Perú, han salido los infaltables “expertos” opinólogos a marcarle la cancha y señalarle el rumbo. Me sorprende verlos ahora posando como demócratas, reconociendo los resultados que le dan el triunfo a Keiko, cuando en los tenebrosos tiempos de Vizcarra, eran parte de la jauría salvaje que chillaba en coro “¡cierren el Congreso!”.
El tiempo y las circunstancias suelen cambiar a muchos, y hoy algunos furiosos antifujimoristas de ayer prefieren posar como demócratas quitándose el sombrero ante Keiko Fujimori. Además, se alquilan como consejeros políticos sugiriendo que la primera tarea de Keiko debe ser garantizar la reconciliación nacional porque “el Perú está dividido”.
A ver, díganme: ¿cuándo el Perú no ha estado dividido? Hasta en la guerra con Chile, cuando el invasor se paseaba por Lima, el Perú seguía dividido, el Estado era un caos y los políticos se peleaban por el poder. ¿Qué ha cambiado? Nos dicen nuestros opinólogos que el estrecho margen del triunfo de Keiko la obliga a tender puentes. ¿Alguien recuerda que estos señorones hubieran dicho lo mismo cuando Pedro Castillo le ganó a Keiko por un margen aún menor?
No pues. ¿A quién se le iba a ocurrir sugerir que la izquierda debía tender puentes hacia el fujimorismo, dado que el ajustado triunfo del analfabeto magisterial? Incluso cuando era evidente que Pedro Castillo carecía de cuadros. Ni aun viendo el penoso espectáculo de ministros jurando cada quincena. Tan patético fue el gobierno de Pedro Castillo que tuvo el récord del gabinete más corto de la historia, al nombrar presidente de la PCM a Héctor Valer y echarlo a la semana.
A nadie se le ocurrió sugerirle a Pedro Castillo tender puentes a la derecha, incluso en medio de su agónico naufragio. Sendero Luminoso estaba en el poder y era hora de barrer al fujimorismo, que ya estaba muy debilitado por la razia de Vizcarra y de la mafia caviar, el cierre del Congreso fujimorista y la tenaz e implacable persecución fiscal de José Domingo Pérez.
Pero ocurrió lo impensado: archivaron el caso contra Keiko y luego ganó la presidencia. Todavía la izquierda no puede digerirlo. El progresismo y la mafia caviar siguen preguntándose en qué fallaron si repitieron el mismo libreto de campañas anteriores. Roberto Sánchez sigue marchando alegando fraude y hasta pretende desconocer al gobierno de Keiko.
Sí. El país está dividido, como lo estaba antes. Pero quienes dividieron al país fueron los activistas de izquierda con su furioso antifujimorismo patológico y su persecución mafiosa. Si tanto quieren la unificación del país, que empiecen por guardar sus armas y acallar sus discursos de odios y difamación. Ese trabajo le corresponde a la izquierda. Han sido derrotados.