
✍️ Econ. Rany Francisco Rodríguez Reátegui
Artículo del Periódico Digital LA SELVA
“RUMBOS”
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En el extremo nororiental del Perú, Loreto suele describirse a sí mismo como un territorio condenado al aislamiento. Es una narrativa repetida hasta el agotamiento: no hay carreteras que lo unan al resto del país, el centralismo lo margina, y Lima —esa ciudad distante y ajena— no comprende la magnitud de sus necesidades. Todo eso es cierto… pero es solo la mitad de la historia.
La otra mitad, quizá la más importante, es la que nunca se cuenta: Loreto está geográficamente conectado con una de las economías más poderosas del hemisferio, un país que los organismos multilaterales consideran llamado a escalar al estatus de primer mundo en las próximas décadas. Un país con 215 millones de habitantes, un territorio amazónico que se extiende como un universo propio y un potencial científico, industrial y tecnológico que crece año tras año. Ese vecino se llama Brasil. Y en Loreto, salvo honrosas excepciones, prácticamente nadie habla de él.
Resulta casi irónico que un departamento tan vasto —más grande que Alemania, el Reino Unido o Italia— viva de espaldas al gigante con el que comparte una frontera amazónica porosa, rica en ríos, biodiversidad y oportunidades. En cambio, Loreto sigue girando alrededor de Lima, como si su destino estuviera encadenado a una capital que no colinda con Brasil, no está inmersa en la Amazonía, y que, según recuerda La vorágine de José Eustasio Rivera, incluso llegó a la electricidad mucho después de Iquitos.
Mientras tanto, los acuerdos con Brasil son escasos, poco difundidos y casi inexistentes en la conciencia del ciudadano de a pie. Convenios académicos, intercambios científicos, oportunidades laborales o proyectos binacionales que podrían transformar la región pasan desapercibidos, enterrados en la burocracia o relegados por la inercia de nuestra mirada hacia la costa. En Loreto no se discute con naturalidad la idea de atraer capitales brasileños, simplificar trámites, habilitar regímenes especiales o crear corredores económicos transfronterizos. No se habla de lo evidente: que su futuro no depende exclusivamente de carreteras hacia Lima, sino también de ríos que ya conectan con Manaos, Tabatinga y el corazón de la Amazonía brasileña.
Alguna vez, Iquitos fue una ciudad global. Durante la fiebre del caucho, tenía rutas comerciales directas con Inglaterra y Europa. De aquella época sobreviven costumbres casi insólitas: el consumo de queso La Pinta de Holanda o de la mantequilla Pluma Roja de Nueva Zelanda, productos que los barcos traían desde un mundo que parecía a la vez lejano y cotidiano. Loreto ya supo abrirse al planeta. Lo extraño es que, un siglo después, haya dejado de hacerlo con su propio vecino.
Hoy, en pleno proceso electoral en todos los niveles de gobierno, no aprovechar esta oportunidad sería un error histórico. Loreto necesita infraestructura, sí; necesita inversión, sí; pero también necesita una diplomacia regional activa, agresiva, moderna. Necesita mirar hacia el este con la misma intensidad con la que implora soluciones desde el oeste. Necesita un pacto fronterizo que convierta al Brasil ascendente en socio estratégico: en investigación amazónica, en integración energética, en comercio fluvial, en turismo, en innovación, en seguridad y en desarrollo sostenible.
Loreto debería estar negociando como región con el país que tiene delante, no suplicando únicamente a la capital que tiene detrás. El Perú debe abandonar la idea de que las fronteras existen solo para ser vigiladas. Las fronteras también pueden ser puertas. Y en la Amazonía, esas puertas están hechas de agua.
Mientras el resto del país mira hacia el Pacífico, Loreto tiene la posibilidad —y la responsabilidad— de mirar hacia el Atlántico a través del Brasil. Su aislamiento no es solo una realidad: es también una narrativa que nos hemos contado durante demasiado tiempo. Una narrativa que podría empezar a cambiar si decidiéramos navegar juntos con el próximo candidato a potencia global que tenemos exactamente al otro lado del río.
La campaña electoral ofrece el escenario perfecto para exigirlo. Que los candidatos lo escuchen: Loreto no solo necesita conectarse con el Perú; también necesita reconectarse con el mundo.