PARA MIS AMIGOS TODO: ¿EL PODER MUNICIPAL COMO BOTÍN EN SAN JUAN BAUTISTA?

En San Juan Bautista, el ejercicio del poder municipal podría estar siguiendo una lógica preocupante. Diversos indicios harían pensar que las decisiones administrativas no responderían únicamente a criterios técnicos o normativos, sino que estarían influenciadas por relaciones de cercanía política y personal. El alcalde Joel Parimango sería el eje de una estructura donde el amiguismo parecería haberse normalizado como forma de gestión.

Un hecho que llamaría la atención es la entrega de permisos municipales en tres puntos estratégicos del distrito, todos otorgados el mismo día. Estos se ubicarían en la esquina de Independencia con la avenida Quiñones, al costado del ex UPO; en la intersección de la prolongación Navarro Cauper con la avenida Guardia Civil; y en la prolongación Navarro Cauper con Los Paucares, a pocos metros del consorcio Padres Agustinos. La coincidencia temporal y la naturaleza de los permisos podrían no ser fortuitas.

Según la información disponible, estos permisos habrían sido otorgados tras la llegada del alcalde y de quien habría sido jefe de su campaña electoral, Wagner Randy Ríos. Este último no sería un actor ajeno al entorno municipal, sino una persona cercana al círculo político inmediato del burgomaestre, lo que abriría serias dudas sobre la imparcialidad en la toma de decisiones.

Una fotografía que circula en redes sociales resultaría especialmente reveladora. En ella se observaría al alcalde Joel Parimango junto al actual jefe de la Oficina de Imagen Institucional de la municipalidad, identificado como el funcionario de barba y lentes, y al propio Wagner Randy Ríos. De confirmarse los roles que cada uno cumple, la imagen podría interpretarse como una muestra clara de cómo se articularía el poder: el alcalde como cabeza política, el jefe de imagen como operador administrativo y un personaje cercano recibiendo beneficios derivados de esa relación.

Esto llevaría a formular preguntas inevitables. ¿Los permisos municipales estarían siendo otorgados en función del interés público o de afinidades personales? ¿Existiría una línea directa que favorecería a personas del entorno del alcalde en desmedro de otros ciudadanos que también buscan autorizaciones bajo las mismas reglas? La direccionalidad de los hechos, de comprobarse, evidenciaría un trato diferenciado incompatible con una gestión transparente.

A ello se sumaría otro elemento sensible. El alcalde Parimango no solo habría aparecido en fotografías de campaña con personajes que hoy postulan a cargos congresales, sino que mantendría vínculos activos con ellos desde su posición de autoridad municipal. Estas imágenes, más que simples recuerdos electorales, podrían reflejar una continuidad política que se proyectaría desde la campaña hasta la administración pública.

En San Juan Bautista, la ley podría no estar siendo aplicada con el mismo rigor para todos. Para algunos, aparentemente, habría facilidades; para otros, solo la estricta observancia de la norma. Si estos hechos se confirman, el viejo dicho de “para mis amigos todo, para mis enemigos, la ley” no sería solo una frase popular, sino una práctica instalada en la gestión municipal. Y cuando el poder se utiliza para retribuir lealtades en lugar de servir al ciudadano, la autoridad pierde legitimidad y la democracia local queda seriamente comprometida.