
✍️ Dante Bobadilla
Artículo del Periódico Digital LA SELVA
“OVEJA NEGRA”
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Tal como se anticipaba, Keiko Fujimori pasó holgadamente a la segunda vuelta en la contienda electoral por la presidencia de la República, con un 17% de la votación hasta el momento de escribir esta nota. De acuerdo al conteo oficial del ONPE al 57%, quien le sigue es Rafael López Aliaga, con un 14%, y luego le sigue Jorge Nieto con 12.6%. Muy atrás queda el candidato de izquierda radical Roberto Sánchez con un 8%.
Sin embargo, en el conteo rápido de la ONG Transparencia, Roberto Sánchez aparece en el segundo lugar con un 12.4% superando a Rafael López Aliaga que luce un magro 11% de apoyo. Esto ha desatado la euforia de los sectores de izquierda, que ya han empezado a descorchar botellas de champán dando por descontado que Keiko perderá, una vez más, en la segunda vuelta y el castillismo volverá al poder.
Parece difícil de creer que en el conteo oficial del ONPE, que ya solo le falta procesar poco más de un 40%, vaya a ocurrir el milagro de transformar el actual 8% de JP para superar al 14% de RP. ¿Puede suceder? Tal vez. Pero sería muy inusual. A menos que lo restante por procesar sean las regiones donde Roberto Sánchez tiene una clara ventaja, considerando que Rafael López Aliaga es un candidato netamente limeño. Eso podría cambiar el escenario.
Otra cosa difícil de creer es que exista una corriente política “castillista”, dado que Pedro Castillo es una persona carente de todas las virtudes propias de un líder político. Pedro Castillo no es un sujeto inteligente, de grandes ideas, versado, culto y mucho menos es un gran orador. ¿Cómo puede un analfabeto, que apenas puede articular una frase coherente, convertirse en un líder político? ¿Cómo pueden las masas seguir a un ignorante incapaz de hacer propuestas que encandilen al pueblo? Es algo que solo en el Perú podría ocurrir.
Después de ver líderes políticos de la talla de Víctor Raúl Haya de la Torre, Fernando Belaúnde, Luis Bedoya Reyes y Manuel Barrantes Lingán, entre otros, capaces de llenar plazas públicas y conmover al pueblo con mensajes de esperanza adornados de poesía, en un lenguaje sencillo pero perfecto, evocando a pensadores como Sócrates y Popper, hoy tenemos como líderes a personajes que hacen gala de ignorancia, que apenas pueden expresarse en un pobre lenguaje y que no son capaces de hilar un pensamiento complejo