
El partido Alianza para el Progreso enfrenta una fuerte crisis interna tras no superar la valla electoral, lo que ha generado renuncias, cuestionamientos y enfrentamientos entre sus militantes.
Dirigentes y exintegrantes atribuyen la derrota a presuntos casos de corrupción, malas decisiones internas y pérdida de credibilidad, mientras algunos líderes evalúan dejar la agrupación o redefinir su futuro político.