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Leído en Equis: «Voy a votar por Roberto Sánchez. Sé que no es una buena opción pero jamás votaré por Keiko. Si el país se va a la mierda no me importa. Felizmente mi mamá me espera en Alemania».
Esta es la actitud de muchos jóvenes. ¿Cómo se explica eso? El antifujimorismo empezó a principios de siglo como una pose intelectual que abría las puertas de los medios para lucirse como defensor de la democracia y luchador anticorrupción. Para el 2010 pasó a convertirse en una consigna de la izquierda contra Keiko. Cada candidatura de Keiko era la ocasión para abrir el archivo negro de los 90 y adornarlo con mitos y mentiras exageradas.
Poco a poco esos mitos y esas exageradas mentiras inventadas para destruir la imagen de Fujimori, fueron creciendo hasta crear una verdadera religión basada en el odio a Fujimori. Como en toda religión, los mitos se convirtieron en realidades en la mente de estos fanáticos. Luego surgieron predicadores del antifujimorismo. Ya no eran simples poseros tratando de lucir como demócratas, sino sacerdotes que ejercían su oficio evangelizando en el odio desde sus redes sociales. Muchos saltaron a la fama desde el anonimato tan solo despotricando contra Keiko en Twitter. Algunos incluso llegaron a ostentar cargos públicos, como Eliana Carlín.
Más adelante, el antifujimorismo -y específicamente el odio a Keiko- pasó a ser una moda juvenil. Insultar a Keiko era cool. Se insultaba a Keiko en medio de los conciertos de rock, se mostraban pancartas de odio en los estadios, incluso en el mundial. Marchar contra Keiko era una especie de ritual para alejar el mal del país, mientras la corrupción y la ineptitud corroían todo el Estado en manos del antifujimorismo.
La sumatoria de todos esos mitos, mentiras y narrativas contra los 90 y Keiko, generó una especie de ideología para sustentar el partido político más grande del país, concentrando en la imagen de Keiko todos los males que el Perú ha padecido, especialmente desde 2016. Hoy la gente ya no cuestiona los mitos que han abrazado en su fe, ni reflexiona en los disparates que confluyen en esa mitología de odio.
Es así que la gente se traga fácilmente mentiras tan estúpidas como «Keiko gobierna el país desde hace diez años». Mensaje que repite Roberto Sánchez con total desparpajo. Repetir los clichés contra Keiko al final dan resultados porque mucha gente hoy no sabe muy bien por qué, pero no quiere votar por Keiko. Entrevistas callejeras muestran a los jóvenes en apuros y con sonrisas idiotas cuando se les inquiere por qué votarán contra Keiko. No saben por qué, pero lo harán. Están convertidos en zombies.
Aunque el 80% de la población es prácticamente apolítica, están infectados con el virus del antifujimorismo. Tenemos un cuarto de siglo recibiendo el vendaval de mitos y mentiras de la izquierda contra Fujimori, a tal punto que hoy los terrroristas son los buenos y el fujimorismo es el mal. Así podemos ver a una ex terrorista de Sendero Luminoso encabezando la marcha anti Keiko. Es la misma que llegó a ser ministra en el gobierno del senderista Pedro Castillo. Pero no es la única. Son varios los terroristas que ya están en el Congreso o se alistan para ser ministros.
Al final parece que el Perú perderá la guerra contra el terrorismo y pasaremos a la fila de los países destruidos por la izquierda.