
✍️Rodrigo Núñez Carvallo
Se veía venir. Lo conozco de las carpetas universitarias de Sociología en la PUCP. Llevamos algunos cursos juntos y siempre me dio qué pensar. Por entonces él era presidente de la Fepuc, la federaración estudiantil y se alucinaba la cagada. Miraba desde las alturas de su ego pero se le veía chambero y empeñoso. Aunque jamás destacó por sus intervenciones en clases, a las que daba poca importancia, siempre fue distante con los estudiantes de a pie y sólo quería destacar en el mundillo político universitario. Por entonces militaba en el PCR, fracción Cucho Haya, y no disimulaba su arribismo con intervenciones tajantes en las que buscaba sofocar interlocutores y erigirse como un personaje insustituible. Después de permanecer encarcelado quince días tras las protestas del 19 de julio de 1977 contra Morales Bermúdez algo en su psiquis se rompió. Me tinca que se quebró para usar el argot de la época y al volver a la universidad su figura se evaporó. A nivel político fue desplazado del liderazgo con las sucesivas fusiones micropartidistas. Quizás pensó que no quería vivir a la sombra de nadie y se apartó de los cenáculos donde lo opacaban Javier Diez Canseco, Lete Dammert, y el propio Cucho. Algo parecido le pasó a Fernando Rospigliosi y es que encontraron su techo de acero demasiado pronto. E igual al Gusano quiso reciclarse como intelectual pero con peores resultados.
Lo dejé de ver por entonces aunque alguna vez me topé con algunas publicaciones suyas, nada de otro mundo, simplemente medianas y sin aportes novedosos, pues se trataba de repeticiones de viejos tópicos marxianos, bastante gastados ya. Fue entonces que prefirió huir y alejarse de antiguos amigos y camaradas. Una beca en México fue su vía de escape. Allí vegetó algunos años entre libros y papers y alguna maestría barata, hasta que vio una forma de recolocarse en el sistema con la ayuda de su tío Vladimiro Montesinos. De la noche a la mañana fue nombrado Agregado Cultural a pesar de que las artes y las letras no le eran muy afines. Es más, dudo de su cultura literaria. Allí en el mundillo del DF tuvo una gestión opaca por no decir casi nula, más allá de alguna presentación en la embajada peruana de Tania Libertad. Ser diplomático del fujimorismo no despertaba adhesiones sino más bien recelos. Así corrió su década de los noventa, tiempos sombríos para las relaciones internacionales del Perú. Incluso creo que se cansó de la esterilidad de su cargo y vio la manera de retomar contactos con el Perú, ofreciéndole sus servicios sobredimensionados a una incauta Susana Villarán que le dio cierto espacio dentro de sus asesores. Pero su enorme yo no se contentaba con papeles secundarios. De la mano de Morgan Quero se instaló permanentemente en Lima a ver si podía picar algo. En post anteriores he relatado un encuentro que tuve con él en un cafetín barranquino, un domingo de elecciones del 2016. Nos reconocimos de inmediato y se me acercó a la mesa. ¿Quién gana hoy me pregunto? Yo sólo atiné a decirle Keiko no. Él me miró de soslayo como calibrando mi postura. Yo también trataba de adivinar sus intenciones y le vi un brillo en la mirada que delataba mucha ambición política. Me quedo en el Perú para ver qué hay, dijo hacia el final de la conversación. como si tuviera muchas ganas de ingresar a la arena del poder. Pocas semanas después ya estaba instalado en el despacho de cultura del primer gabinete de PPK. Reconozco que me asombró. Qué rapidez, pensé yo. Cómo ha hecho, me pregunte. creo que fue el premier Fernando Zavala el que lo acercó al Partido Peruanos Por el Kambio. Dentro de esa federación de neoliberales desorbitados que fue el gobierno de Pedro Pablo se supo integrar muy bien e hizo muchas relaciones, tanto que al año siguiente ya ocupaba la cartera de Defensa, un disparadero para sus ansias de figurar. Allí hizo migas con los militares y los servicios de seguridad y no me sorprendería que fuera en alguna manera monitoreado por su tío Vlady desde la Base Naval. Todo iba perfecto, apostaba a convertirse en el recambio que la derecha urgía, pero todo se fue al cacho el día en que Kenji y PPK negociaron el primer indulto del viejo Fujimori, tratando de darle aire al régimen, bastante golpeado por las artimañas de Keiko. Creo que él fue parte de la turbia negociación y cayó el gabinete por una serie de renuncias, y todo su tinglado personal se despeñó. Tuvo que quitarse en la hora undécima para no incinerarse en la necia iniciativa del acorralado PPkausa. A Nieto no le quedó más remedio que retirarse a sus cuarteles de invierno durante unos cuantos años hasta que lo ampayamos acudiendo a Palacio para autopostularse como Primer Ministro del régimen de Dina Boluarte, sí, ello está documentado con el agravante de que los muertos ya se contaban por decenas en Puno, Cusco, Ayacucho, Apurímac y Arequipa. ¿Quién lo contactó con la asesina? A mi me dicen que Alberto Otárola, el mentor político de Dina, y transitorio ministro de defensa en el primer gabinete de pasmarote Pedro Angulo. Este último era un perfecta nulidad, sin ninguna experiencia política y Otárola aprovechó de la circunstancia para calentarle el oído a Dina que andaba más perdida que oficinista de la RENIEC en Palacio. Pero la jugada le salió cuadra a Jorge Nieto pues Otárola lo atrasó y se propuso como cabeza del Consejo de Ministros, rodeado de una corte de mediocres, adulones y oportunistas que aprovechaban el vacío de poder. El que sí se quedó merodeando por el ministerio de Cultura fue Morgan Quero, el chupe de Nieto, traído por él desde México cuatro o cinco años antes y que estaba pateando latas. Sus paseos fueron tan fructíferos que se levantó a Leslie Urteaga, tristemente célebre ministra de lesa cultura. Leslie presentó a Morgan ante Dina y en la primera oportunidad agarró la franela y la bacinica para hacerse nombrar ministro nada menos que de Educación. Nieto se resintió al principio un poco, pero después descubríó su valía en las altas esferas del poder. Nieto ya estaba pensando en crearse un partidito con el cual postularse a la presidencia. Mejor cabeza de pericote que cola de león. El resto ya es historia conocida. Nieto con un discurso inicialmente de izquierda supo ganarse a una franja clasemediera que no encontraba representación en medio de una aguda polarización. Y lo consiguió. Dice manejar un diez por ciento del electorado que piensa entregárselo a Keiko con el voto viciado. Felizmente sus electores se han dado cuenta de su poco transparente transitar, y no creo que le hagan mucho caso en la estúpida maniobra de manchar el voto. Para la próxima vez no sean tan cándidos amigos, averigüen quién está detrás de la máscara, Un oportunista de sinuoso derrotero que engañó a sus votantes con el único fin de negociar con Keiko un hipotético e imposible cogobierno naranja-amarillo. Nieto no sabe dar las cartas y le ha tocado una mala mano.